En Colombia está surgiendo un movimiento de reconciliación muy esperanzador, dice el jefe de la Misión de la ONU en ese país

20 de octubre, 2016 — El resultado del plebiscito celebrado en Colombia el 2 de octubre, en el que quienes no respaldan el Acuerdo de Paz firmado entre el Gobierno del país y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) superaron ligeramente a quienes sí apoyan ese pacto, no ha quebrantó la voluntad de paz de ese pueblo.

Así lo expresó el representante especial y jefe de la Misión de Naciones Unidas en Colombia, Jean Arnault, en una entrevista con el Centro de Noticias de la ONU en la que también afirmó que está surgiendo un movimiento de reconciliación muy esperanzador en el país.

Arnault estuvo en la sede de la Organización en Nueva York para informar al Consejo de Seguridad sobre los acontecimientos recientes y el trabajo de la Misión de la ONU en Colombia.

Centro de Noticias (CN): ¿Qué fue lo más relevante de la reunión del martes con el Consejo de Seguridad?

Jean Arnault (JA): El fuerte apoyo que se manifestó. Después del plebiscito ha habido un elemento de incertidumbre y creo que podría haber sido lógico que los Estados miembros del Consejo reaccionaran frente a esta incertidumbre con su propia incertidumbre, pero no fue así; al contrario, una vez más hubo unanimidad del Consejo de Seguridad en torno a Colombia. Es un mensaje muy útil para nosotros como Misión de Naciones Unidas en Colombia y también es un mensaje muy útil y alentador para los colombianos.

CN: ¿Cuáles son los pasos a seguir? ¿La Misión va a ajustar de alguna manera su mandato en cuanto a dimensión, por ejemplo?

JA: La configuración de la Misión no cambia mucho. El mandato inicial de la Misión es la verificación del cese al fuego y la verificación de la dejación de armas. Obviamente, después del acontecimiento del 2 de octubre [el resultado del plebiscito], la dejación de armas se posterga hasta que se llegue a un nuevo acuerdo. En cambio, hay un compromiso sólido de las dos partes con el cese al fuego y ése es el trabajo que vamos a hacer. El concepto de cese al fuego es un poco distinto del que se había aprobado hace un par de meses, pero al fin y al cabo se trata de un proceso clásico de separación de fuerzas, con la guerrilla concentrando sus efectivos en unos 50 o 60 puntos, el ejército redesplegando sus fuerzas y la Misión de Naciones Unidas, en cooperación con las dos partes, monitoreando esta separación de fuerzas. Así que estoy seguro de que no serán necesarios grandes cambios ni en la composición de la Misión ni en el número de observadores.

CN: ¿Cuál diría que es el sentimiento de los colombianos respecto al proceso de paz después del resultado del plebiscito y tras el anuncio de las negociaciones con el ELN?

JA: Lo más notable fue, saliendo del plebiscito, encontrar el 3 de octubre un consenso muy sólido –independientemente de quién se abstuvo, quién votó por el sí, quién votó por el no– y ese consenso se refiere a dos cosas: una es que los colombianos no quieren regresar a la guerra, no quieren más violencia y el resultado del plebiscito volvió a generar la inquietud de que se reanudara el conflicto. La respuesta a esta inquietud fue: “no queremos un retorno a la guerra”. Lo segundo es la demanda firme de que se vuelva a la negociación y se concluya rápidamente un acuerdo modificado que represente los puntos de vista de quienes estuvieron en desacuerdo. Un acuerdo rápido. Hay la voluntad de que a la par del cese al fuego quede cerrado el capítulo de la guerra y que cierre con un buen acuerdo, el más amplio posible.

CN: El principal punto de desacuerdo que influyó en el resultado del plebiscito fue la impartición de justicia. ¿Cómo se puede conciliar ese desacuerdo para crear un consenso?

JA: La tensión entre paz y justicia no es propia de Colombia, sino de todos los procesos que hemos conocido. No creo que haya un proceso en el cual nosotros, Naciones Unidas, hayamos estado involucrados, donde no se haya presentado ese gran desafío de combinar las exigencias de paz y de justicia. El proceso colombiano intenta algo relativamente nuevo con énfasis en la justicia restaurativa. No es nada sorprendente que esta posición, esta apuesta a la justicia restaurativa, encuentre gente que no esté conforme, que piense que la justicia debe ser penal, mucho más en línea con la justicia ordinaria. Yo pienso que el intento que está haciendo la sociedad colombiana con el proceso de justicia transicional es un experimento que vale la pena implementar. Pero respeto también la posición de quienes están en desacuerdo.
Personalmente, creo que no hay un posible sustituto a la reconciliación nacional. Estoy convencido de que, efectivamente, la búsqueda de la verdad, la reparación a las víctimas y la justicia transicional son todos elementos muy importantes para buscar la reconciliación de la paz y la justicia. También estoy convencido de que la reconciliación nacional no viene por añadidura sino que requiere del esfuerzo de las víctimas, de los victimarios y de la sociedad en su conjunto de buscar un camino de unidad nacional en torno a la paz. Y termino diciendo que me parece muy impresionante lo que hemos visto en Colombia el último año. Se han llevado a cabo varias reuniones en La Habana con víctimas y victimarios, se han celebrado otras tantas en todo el país y creo que en Colombia está surgiendo un movimiento de reconciliación que me parece muy esperanzador no sólo para Colombia, sino que es un ejemplo del camino que pueden tomar los procesos de paz.

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